HOSPITALES CRIMINALES



Poder parir en libertad significa poder elegir dónde y cómo quieres parir. Y para poder hacer valer este derecho, no sólo existe una fórmula válida. Hay quien siente que donde va a poder parir en libertad es en su propia casa. Hay quien siente que, para esto, no necesita que nadie le acompañe, y otras buscan profesionales respetuosos. No tengo datos oficiales pero me arriesgaré a decir que los buscan “respetuosos” porque me cuesta imaginar que alguien quiera estar acompañada por un profesional autoritario que pisotee sus voluntades, pero si existe gente que deliberadamente busca profesionales irrespetuosos, también es una opción válida. Al fin y al cabo, esto también es libertad.


Bien, pues de la misma forma hay quien se siente más segura teniendo un parto hospitalario. Y dentro de esta rama de personas, todavía hay más subcategorías: las que deciden sencillamente entregarse al hospital que les corresponde por confiar en él (o por no haber llegado a dudar de él todavía). Pero también existen las mujeres que, queriendo parir en el hospital, deciden informarse y buscar un hospital respetuoso, o por lo menos el más respetuoso que exista en un radio de kilómetros abarcables desde su domicilio.


Y entonces, éstas últimas, ¿cómo lo hacen? Primero, preguntan en su entorno, escuchan historias de parto más o menos terroríficas, con todo el estrés añadido que esto puede conllevar. Luego buscan fuentes más o menos oficiales, cifras, datos concretos: si admiten plan de parto, tasas de cesáreas, de episiotomías, de mortalidad, ranking del hospital, si tienen piscina de parto, protocolos de atención al parto, si respetan el piel con piel, el pinzamiento tardío del cordón y otras muchas preocupaciones que, por supuesto, tendrán que defender ante miles de juicios de gente diciéndole “¡Pero mujer, tú siempre imaginándote lo más retorcido, si lo dice el médico será verdad, que por algo estudió durante tantos años! Vete al hospital que te corresponde anda, que por lo menos te queda cerca de casa, no vaya a ser que el chiquillo nazca en medio de un atasco”.


Bien. Y según la suerte y tenacidad que tengan, en su búsqueda encontrarán más o menos datos que serán más o menos actualizados… Pero, ¿qué? ¿Cómo se mide cuán respetuoso es -o no es- un hospital? ¿En base a qué criterios se atribuye esta etiqueta? ¿Rebuscando tanto, qué han conseguido? ¿El nombre de un “hospital respetuoso”? ¿Y esto qué les aporta? ¿Una garantía de que se respetarán sus decisiones? Ojalá, pero resulta que estos datos, estas cifras… ¡NO DICEN NADA!


No hay datos que permitan identificar qué profesionales exactamente llevan a cabo qué prácticas y con qué frecuencia. Y, aunque los hubiera, los turnos y las guardias convertirán su estancia hospitalaria en una ruleta rusa contra la cual no tendrán ningún arma.


Las tasas hablan de cesáreas, pero ninguna hace referencia alguna a las innecesáreas. “Pero, ¿qué dices? ¡Otra de tus teorías conspiranoicas! Te han lavado el cerebro, hija, ¿por qué te iban a hacer una cesárea si no fuera necesaria? Calla anda, que no sabes de lo que hablas.”


A veces se puede comprobar cuán intervencionista es un hospital. ¿Y a mí qué más me da saber que un hospital es poco intervencionista si de estas pocas intervenciones no tengo posibilidad de averiguar cuántas han sido ejecutadas mediante orden judicial? Si sólo tiene un 3% de cesáreas (ojalá) pero el 100% de estas cesáreas se práctico después de un ingreso forzoso, perdonadme pero no: este no es un hospital poco intervencionista. Es un hospital que no interviene muy a menudo, pero cuando lo hace es, además de amoral e ilegal, extremadamente intervencionista.


¡Porque esta es la realidad en la que vivimos! No más tarde que en febrero de 2020, una mujer que había elegido un hospital precisamente por “respetuoso” ingresó por su propio pie y se vio amenazada por dicho hospital a intervenir mediante orden judicial si no accedía a que le pincharan oxitocina… Y todavía le dicen que no sería la primera vez, que ya lo han hecho antes…


Esta es la realidad de lo que puede ser un “hospital respetuoso”. Detrás de la bonita etiqueta, bajo la máscara tranquilizadora, se esconde la terrorífica cara de la violencia normalizada. Un hospital que, en repetidas ocasiones, y en total impunidad, coacciona, amenaza y ningunea a una paciente infringiendo la Ley de autonomía del paciente y acudiendo a la sacrosanta carta de la orden judicial (claro, porque como las mujeres se informan cada vez más, la carta del bebé muerto ya no cala tanto, tuvieron que renovarse).


Por supuesto, esto no se puede denominar respeto pero… ¿cómo llamarlo? ¿Qué es lo contrario a respetuoso? ¿Irrespetuoso? Es que, a mí, destrozarle el parto a una mujer, el nacimiento a un bebé y poner sus vidas en peligro, me parece que es más que una simple falta de respeto. Estos hospitales en los que se practican intervenciones que la ONU, en su informe sobre violencia obstétrica califica de “tortura”, estos hospitales en los que se realizan intervenciones peligrosas en las mujeres sin su consentimiento… esto no es falta de respeto. No son irrespetuosos. Son manipuladores. Son crueles. Son peligrosos. Son CRIMINALES.


Esto no significa que no existen hospitales respetuosos. Los habrá, al igual que, en un hospital criminal, también habrá personal sanitario respetuoso dejándose la piel en luchar contra un sistema sanitario que se preocupa más por la rentabilidad y la salud económica de sus hospitales que por las vidas de sus usuarios. Sencillamente, significa que no existen, a día de hoy, maneras de elegir un hospital por respetuoso. Puedes intentarlo, tener suerte o no, acertar o fallar por mucho que hayas investigado. Porque, para poder elegir, tienes que tener opciones, pero en el juego de la investigación las cartas están trucadas y las informaciones están truncadas.


Así que, si vas a parir en un hospital, por muy respetuoso que te lo hayan presentado, ¡no bajes la guardia!


Febrero 2020

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