SALAMANCA

Noviembre 2019. Como una bofetada en la cara, o mejor, una patada en la boca…bien fuerte. Lo había leído, me había indignado, compartido por redes, comentado con compañeras… pero ahora, de repente, estaba en medio.

 

Una mujer que te pidió que la acompañaras en su parto, planificado en casa, estaba siendo “amenazada” con emitir una Orden Judicial para inducir su parto; embarazo prolongado y riesgo de pérdida de bienestar fetal decían… Ese mediodía su pareja le llamó tratando de entender qué pasaba, buscando una explicación y consejo a esa ignominia.

 

No puede estar pasando, a mí no, a la mujer que yo acompaño no… eso pasa a otras... como en las películas, como esos guiones de terror que a veces habías leído en forma de testimonio, de mujeres, de compañeras. 

 

Pues ya ves, la realidad te golpea en la cara con su bofetada de realismo, y tú en medio del caos. Trabajo en ese hospital, con ese equipo que ha decidido que ese embarazo no “debe continuar” que ese bebé está en riesgo y amenaza a la mujer con emitir una Orden Judicial. 

 

Me gustaría compartir con vosotras lo acontecido esos días. Lo que viví a nivel humano y profesional, es difícil de resumir y expresar pero ahí va mi intento.

 

Me reconozco en shock, al menos ahora, con el paso del tiempo. Traté de tranquilizarles y de averiguar, ya que justo trabajaba esa tarde, qué estaba pasando y qué podía pasar.

 

Parece ser que en la semana 41+3 en un RCTG (Registro Cardiotocográfico) el bebé tuvo una bradicardia aislada que recuperó con medidas posturales y no volvió a repetir en el tiempo que estuvieron “vigilando”. No sabemos hoy por hoy, si el monitor tuvo un fallo técnico (el episodio se produjo al cambiar de postura) o fue un falso positivo.

 

Ese día le propusieron inducir el parto con la indicación de ECP (Embarazo Prolongado) y SRBF (Sospecha de Riesgo de Bienestar Fetal).

Ella decidió confiar y eligió NO, volvió a su casa a seguir esperando. Tampoco fue al día siguiente a otro “RCTG de control”, en casa verificamos ese bienestar.

 

Fue al día siguiente, 41+5 cuando a mediodía recibe esa llamada amenazante. Hablamos, hablamos mucho, compartimos dudas y miedos… el equipo de guardia confirma que “según ellos“ el bebé está en riesgo y debe inducirse el parto esa misma tarde. Se plantea por parte de la pareja acudir a verificar el bienestar fetal mediante ECO Doppler y RCTG para después, ya “todos“ más tranquilos, esperar con 

respeto a su toma de decisiones.

 

Qué inocentes, el monstruo de la burocracia y Endiosamiento: lo que yo digo y pienso es “la verdad absoluta” ya estaba puesto en marcha, “si vienes te quedas, aunque las pruebas estén bien, si decides irte activamos la Orden”.

 

Decidimos pedir ayuda y consejo por grupos afines a parto respetado... y los teléfonos se nos inundaron de brazos abiertos, consejos, ideas, contactos con abogadas, ánimos… GRACIAS, GRACIAS a todas por la SORORIDAD, nos dio la fuerza y el aliento, al menos a mí, para continuar.

 

No podía ni imaginar cómo se podía sentir ella en esta situación, decidió libremente no inducir su parto, esperar a que se desarrollara de manera fisiológica y confiar. Valiente dadas las circunstancias, su opción, su parto, su decisión.

 

Esa noche deciden acercarse al hospital de Zamora a evaluar el bienestar fetal, acudir al de Salamanca, dadas las amenazas y hostilidad en el trato era impensable en estos momentos.

 

Todo correcto, ya de madrugada de vuelta a casa hay contracciones que empiezan.

 

A las 8:30 am recibo el esperado mensaje: ha roto la bolsa y las contracciones empiezan a molestar. Compañeros me habían advertido “que igual el parto no se desencadenaba, o que resultaría largo y complicado dado el nivel de estrés, angustia y adrenalina que esta valiente mujer tendría corriendo por sus venas…” pero mira, ahí estábamos... calculo que sobre mediodía entra en el planeta parto y seguimos.

 

El día fue largo, o corto según se mire… recordando, intentando estar presentes. Todavía recuerdo a lo lejos oír unas sirenas y bromear sobre si serían capaces de presentarse allí, en ese mismo instante. Reíamos, temblorosamente a veces, sabíamos que eran capaces de todo.

¿Acaso no se había llevado por la fuerza a alguna mujer al hospital? ¿no había otra que había tenido que huir de su domicilio?

 

Qué valiente, que entera y que fortaleza a pesar de las circunstancias.

 

Su hijo nació a eso de las 23 pm, en casa, de manera natural, respetada y fisiológica, como ella quería, cómo ellos querían.

 

Del hospital no hubo más llamadas “preocupándose” por la salud del bebé, no quisieron ponerse al teléfono cuando la pareja insistió en pedir explicaciones, cuando quiso calmar los ánimos y contar que todo estaba bien. Quería comunicarles que en ningún caso iban a dejar de estar pendientes del bienestar de su hijo, seguirían con los controles de embarazo en otro hospital.

 

Al cuarto día postparto, en un puerperio difícil dadas las circunstancias, se presentan en el domicilio dos policías con una Orden Judicial en mano para forzar ingreso o para localizar el paradero de S., no quedó claro, no sabían, no explicaban. Ella abre la puerta con su bebé en brazos, los policías no saben nada, no entienden nada… la mujer y su pareja tampoco.

 

Tocó vivir en días sucesivos el acoso y la amenaza ahora de los pediatras... esto da para escribir un libro o dos.

 

Dos meses después ha tenido que acudir a los juzgados para dar declaración ante un administrativo, allí no saben nada, ni idea de qué va el tema. Ella sigue con su bebé en brazos, subiendo y bajando un puerperio que parece a veces muy cuesta arriba.

 

Del proceso administrativo-judicial no saben si está cerrado o tendrá que comparecer ante un juez, parece ser que se activó finalmente la Orden Judicial el día que cumplía 42 semanas. Menos mal que “según ellos la vida del bebé estaba en riesgo”.

 

Vivir esta experiencia a nivel humano y profesional me ha removido para siempre, se me hace muy difícil el equilibrio entre estar dentro y fuera del sistema, intentando ayudar a las mujeres.

 

Experimentar como acompañante el acoso y la amenaza a una mujer en una situación tan vulnerable te revuelve las tripas, la ilegalidad de no respetar su derecho de Autonomía, las palabras duras y poco empáticas, los juicios... en definitiva la violencia ejercida hacia las madres y las criaturas de una manera tan cruda me ha sacudido y no me permite seguir igual, viéndolo desde la barrera.

 

Me estoy permitiendo un tiempo de reflexión, no sé si puedo continuar en el sistema... a pesar de lo cual estoy moviendo unos talleres sobre Violencia Obstétrica y tratando de motivar a compañeras para crear un grupo de trabajo y reflexión donde propongamos ya, no sólo el reconocimiento de la violencia que día a día ejercemos los profesionales sobre las mujeres y sus criaturas, sino también que desarrollemos estrategias, herramientas y modos de trabajar para crear protocolos que erradiquen dicha violencia.

 

Gracias a todas las mujeres que me escogen para acompañarlas, dentro y fuera del sistema, son las que me enseñan todo. 

 

Gracias a tanta gente que sin conocernos abren sus brazos, ayudan y acompañan en momentos tan duros.

 

Gracias a ti, S, gran mujer y madre por confiar y a tu pareja por el apoyo incondicional. Aquí estamos para recoger vuestras palabras cuando queráis.

 

Estoy segura que el cambio es posible.

 

Enero 2020

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